Opinión: Estado Ausente

Óscar Vargas Zec - Magallanico

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ESTADO AUSENTE

Mucho se ha escrito en medios de comunicación y redes sociales sobre el desarrollo de la pandemia en el país. La polarización de las afirmaciones han fluctuado del “genocidio” al “manejo exitoso” siendo ambos extremos igualmente irrisorios. La realidad es que la preocupación ha llevado a instituciones y profesionales a trabajar sin descanso en estrategias y medidas que nos ayuden a mejorar lo más pronto posible.
A mi entender y con la distancia que da el largo año que ha pasado, lo que más ha fallado-faltado es el Estado, y ello basado en tres pilares que hemos visto expresados reiterativamente de diversas formas.
1.- El sistema excesivamente presidencialista del país, sumado al personalismo del actual mandatario ha redundado en medidas que muchas veces solo buscan réditos en la popularidad y las encuestas. Las autoridades, principalmente las sanitarias, no parecen asumir con fuerza la conducción y liderazgo del conflicto que vivimos, supeditándose al poder económico para cambiar, modificar, alterar y contradecir lo que se anuncia.
Lo expuesto ha llevado a que la población pierda credibilidad frente a las medidas, con los descalabros que eso ha conllevado, y que además han diezmado la esperanza de la gente de volver pronto a la vida pre-pandemia. Hoy vemos con estupor que, las variantes del virus SARS-COV2 implican que las vacunas y las medidas tendrán que ir adaptándose en el tiempo para lograr una reducción paulatina de la infección y una lenta recuperación de la normalidad. Esto no será en junio, como comunicacionalmente se ha intentado posicionar.
Mientras la imagen del presidente y su “legado” condicionen la acción sanitaria, es imposible cohesionar a los actores sociales, gobernantes y mundo privado para controlar la pandemia.
2.- El centralismo agobiante ha impedido aplicar medidas acorde a la realidad específica de cada localidad, imponiendo a rajatabla la realidad de Santiago a ciudades y comunas que poseen dinámicas distintas a la capital. Las realidades sociales en Chile son diversas y la experiencia de Punta Arenas así lo demuestra. En su punto más crítico, salió adelante, sin embargo su experiencia nunca fue observada para sacar enseñanzas o implementar medidas que se antepusieran a la segunda ola en el resto de las localidades nacionales. Este ejemplo es uno de tantos que demuestran el desprecio por la vida “en regiones” por parte de los tomadores de decisiones nacionales.
3.-El Estado ha demostrado ineficacia para controlar y fiscalizar a la población. Muchas de las medidas que se implementan son letra muerta, si no inmediatamente, al corto andar. Ni el apoyo de las FFAA, ni el trabajo de los funcionarios públicos, ni la autoridad sanitaria y o del trabajo o de orden público han podido garantizar la fiscalización de personas o empresas que buscan (y logran) saltarse las normas.
Con las nuevas variantes circulando en el país la normalidad pre pandemia se ve aún lejana. Pese al éxito de la vacunación, no sabemos cuándo ni cómo este presente pueda llegar a su fin. Es entonces urgente que el Estado, y no el gobierno de turno, planifique la forma en que nuestro día a día sea compatible con la salud y seguridad de la gente.
Esto va más allá de las llorosas llamadas a la unidad para enfrentar el virus, va más allá de los ataques a quienes disienten o las culpas no asumidas. Lo que está en juego hoy es la vida de muchos compatriotas, y para honrar a los caídos, es fundamental que la pandemia se combata en conjunto, en comunidad. Científicos, sociedad, autoridades, políticos, todos son actores que requieren espacio y dialogo fructífero para concordar acciones válidas, creíbles y validadas por la población que nos ayuden a dar vuelta esta negra página de la historia de la humanidad, lo más pronto posible. Solo corrigiendo lo realizado con humildad y dialogo podemos avanzar.

Óscar Vargas Zec

Odontólogo Magallanico

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